Después de pensarlo por largo tiempo he decidido expiar algunas culpas, entre ellas está el recuerdo de mi hermano Alcibíades. Siempre lo consideré un hermano mayor aunque no lo fuera exactamente, de su vida solo esta mi testimonio, los otros: sus amigos o mi familia nunca llegaron a saber la verdad. Tal vez yo tampoco la sepa del todo, simplemente su vida fueron eventos desafortunados que se dieron por un impulso de supervivencia. Puedo dar fe de ello.Alcibíades nació con una enfermedad congénita que la arrastro toda su vida, mi mamá no hablaba de eso, simplemente decía que era por sus nervios, pero yo sabía lo que le sucedía. Era una punzada fuerte en el estómago que le molestaba de vez en cuando, algo crónico, pero que él aprendió a tolerar.
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Desde muy pequeño era tímido, no jugaba con sus amigos y menos hablaba con los demás, para mí su vida era algo inconclusa. Era demasiado pusilánime con el resto y su compañía la hallaba en su cuarto, en juguetes y libros. Siempre creí que esa actitud se debía a la enfermedad que ignoraba. La tristeza le impidió llevar con soltura y seguridad la adolescencia y puedo afirmar que sin mí, tal vez nunca hubiera recibido su primer beso, su primera declaración de amor o si quiera su primer trabajo. De alguna manera me sentía partícipe de sus acciones y reflexiones.Sé que me ignoraba, no me daba importancia, su soledad le daba poco tiempo para los otros y hasta para si mismo. A mí esa actitud me era indiferente, yo sabía sacar provecho de la situación y el que no se percatara de mi presencia me permitía ayudarle y ayudarme a mi mismo.Cuando Alcibíades cumplió los veinte años sintió algo extraño en su vida, se dio cuenta que lo vivido no tenía demasiada explicación.
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Por ese entonces, él estudiaba en la universidad y comenzó a escribir su diario, creo que había leído los diarios de Amiel y de Charles Du Bos, en los que se pasaba madrugadas revisando página por página. Esas lecturas le motivaron a escribir sobre su vida, es así que el percibió detalles de su pasado que antes no había observado ni pensado, como el aprobar exámenes sin estudiar o citarse con una chica sin haberla invitado antes, recibir agradecimientos sin dar nada a cambio, tener el aprecio de gente con las que ni siquiera intercambió miradas, etc. En su indiferencia todo lo vio normal hasta que decidió escribir sus recuerdos donde todo se volvió confuso para él. Sentía como si una parte de su vida simplemente no la vivió.
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Pero el incidente que más lo ofuscó y sorprendió fue cuando se propuso escribir su primera novela, una historia sobre la forma en la que él sentía que había vivido su vida: Una interrumpida sucesión de hechos que pocas veces concatenaban. Una noche él se sentó en su máquina de escribir, momentos después, se aburrió y se durmió. A la mañana se percató que había “escrito” casi una pagina entera, eso lo sorprendió mucho, pues no recordaba haberla hecho, preguntó a su madre si se había puesto a escribir en su maquina pero ella lo negó.El leyó lo escrito observando cada oración con detenimiento como si tratara de encontrar alguna familiaridad en los pasajes escritos, entendía que era la misma historia que quería escribir pero no recordaba haberla redactado de esa forma. Pensó que era sonambulismo, pero luego lo olvidó.
Unas semanas después, en la madrugada, decidió continuar con la novela, leyó la historia que él pensaba no haber escrito y se propuso continuarla, pero después de escribir un párrafo volvió a dormirse.
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Al día siguiente, al abrir sus ojos, vio sobre el escritorio, seis hojas escritas por ambos lados, quedó estupefacto. Intentó recordar lo sucedido la noche anterior pero no pudo. Esto lo asustó, leyó las páginas y seguía siendo su tema pero no era como él lo habría escrito, hasta tenía referencias bibliográficas de textos que poseía pero que nunca leyó.Alcibíades, presentía algo extraño, sobre todo porque su vida nunca fue anormal, muy racional para estar pensando en algún tipo de fenómeno paranormal, eso es seguro, mi hermano jamás creyó en algo que no esté más allá de sus narices. Es así que algunas noches se escondía en las madrugadas para saber quién escribía por él y otras veces le decía a mi madre que se iba a la universidad sin embargo, él se subía por la ventana y se quedaba debajo de la cama espiando a ver si alguien entraba a su cuarto y escribía en su máquina.Nada pasó, estuvo así un mes y nadie se apareció y él tampoco quiso continuar con su novela por temor a que sucediera lo mismo.
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Por ese entonces, también ocurrieron otros hechos que lo desconcertaron aún más; su ropa se ensuciaba sin usarla, tenía menos dinero de lo habitual en su billetera, lo saludaban en la universidad personas que no conocía. Casi se vuelve loco el pobre Alcibíades, si antes era una individuo solitario ahora era uno social a la fuerza y de manera inexplicable. No se atrevía a acercarse a las personas que le saludaban y preguntarles porqué tanta familiaridad con él. Mi hermano vivía un momento difícil y no quería decir nada por miedo a que pensaran que su soledad lo estaba llevando finalmente a la locura.
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Un día leyendo su cuaderno de apuntes universitarios pudo ver una inscripción que decía: “reunión mañana en la cafetería de la panadería a las ocho y media”, era su letra pero no recordaba haberlo escrito y … ¿con quién se reuniría tan tarde?, sabía del lugar pero le daba angustia saber con quién se encontraría.Decidió ir pero para observar detrás de algún lugar y ver de quién se trataba. Al llegar vio a una muchacha parada en la puerta que no entraba al local, eran las ocho y media y ella impaciente miraba su reloj, era delgada con cabellos negros bien cuidados, muy bonita, detalle por el que le dio más temor acercarse a ella y preguntarle porqué se habían citado. Él espero 20 minutos escondido y nadie más se apareció, luego ella se fue algo enfadada.Alcibíades regresó a su casa ansioso por saber más de ella, de enterarse cómo la conoció y ver la posibilidad de acercarse en otro momento. Eso sucedió unas semanas después, pero como inseguro que era simplemente se le acercó y la saludó e iniciaron una relación amical muy cercana, sin preguntar nada sobre el pasado.
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No negaré que eso me puso incómodo y les diré porqué.A estas alturas de mi testimonio tengo que hablar de mi, no por protagonismo sino por necesidad. Yo era su hermano y veía todo lo que él hacia sin percatarse de mi presencia, Alcibíades me ignoraba y sin embargo era yo partícipe de su vida.Cuando nació mi hermano, nací yo también, éramos gemelos, pero nadie se dio cuenta de eso, simplemente estaba ahí pero no se percataron de mi nacimiento y era comprensible porque no me podían ver, ya que yo estaba dentro de él, me había formado en sus entrañas. Era más pequeño y me encontraba enclaustrado entre sus vísceras. Sólo los médicos advirtieron de mí cuando le hicieron una radiografía a los cinco años, cuando él comenzó a presentar los primeros dolores estomacales. El médico le dijo a mi madre: “Señora, su hijo tiene un pequeño hermano en el vientre y está vivo, comparten el corazón y un riñón pero cada uno tiene su propio cerebro”. Es decir, estaba encadenado a él y no me podían extirpar. Los doctores recomendaron que no se lo dijera a Alcibíades y que llevara su vida con tranquilidad y con el tiempo se acostumbrara a mi presencia.
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Los dolores del vientre eran producto de la presión que yo le originaba en sus intestinos y debía tomar unos analgésicos de por vida.Así fue la vida con mi hermano, nuestros esfuerzos por caminar, abrazar a mamá, ir al colegio, recibir nuestras primeras palizas, jugar hasta el cansancio pero siempre a él como intermediario. Casi siempre estaba en desacuerdo con él. En otras palabras mi hermano era un poco lento para hacer una vida divertida y feliz, su melancolía lo llevaba al tedio y a la tristeza, una incapacidad innata de hacer de su vida algo placentero.
Cuando tuvo 16 años decidí ayudarlo, de alguna manera lo obligaba a conversar con amigos, a leer libros, a salir con algunas amigas, a estudiar. Intentaba que su existencia sea saludable y también para mí, ya que me encontraba encerrado en una personalidad dubitativa y medrosa. Es así que por años intenté darle un impulso que no poseía: logré salir a fiestas, tener nuestra primera relación sexual, emborrachamos, obtener el primer trabajo y ayudar a mamá a pagar algunas cuentas, todo nos iba bien.Un día mi hermano no se quiso levantar, los dolores del estomago se agudizaron y lo llevaron al hospital, mi madre le preguntó al médico qué le sucedía a Alcibíades. El doctor le dijo que debía tomar medicamentos más fuertes porque la inflamación se había incrementado y eso significaba más inyecciones y potentes analgésicos. Ese tratamiento deprimió a Alcibíades, toda su vida pasada la dejó, no frecuentó más a sus amigos del barrio y se encerró en su habitación. Lo mejor que hizo fue ingresar a la universidad y no más. Regresaba de clases y en silencio se metía en su dormitorio. Yo ya no podía persuadirlo, él no me escuchaba ni quería hacer nada, después de casi 20 años dentro, me sentí prisionero en una carceleta de líquido y vísceras. Fue en ese momento que decidí actuar.
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Alcibíades producto de su depresión dormía mucho, los analgésicos eran muy fuertes y lo obligaban a tomar largas siestas en las tardes y dormir temprano por las noches. Entonces, por primera vez, quise vivir por mi propia cuenta, sin un intermediario. Una noche en que se quedó dormido frente a su maquina de escribir, pude abrir sus ojos y con esfuerzo moví los dedos y continué su historia tal como yo la había concebido en su mente, todas las noches me levantaba a leer por horas los libros que tenía en su habitación: me bañaba, me masturbaba, me iba a la cocina a comer y un sin fin de cosas. Realmente me agradó ser dueño de mis decisiones. Poco a poco me acostumbré a vivir furtivamente en el cuerpo de mi hermano. Hasta que me atreví a más, a salir y ver la calle con mis propios ojos y explorar lo que la naturaleza me había negado. Así conocí gente, conversaba en las noches con diferentes personas que me encontraba en los bares, paseaba en algún malecón por las madrugadas y finalmente regresaba a dormir antes que mi hermano se despertara en medio de la calle.
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Pasé buen tiempo con esta rutina y luego quise conocer la universidad de Alcibíades. Por las tardes mi hermano sentía el cansancio de mis caminatas nocturnas y se quedaba dormido en la biblioteca, es ahí donde aprovechaba para dar una vuelta y conocer más personas, preguntaba cualquier cosa, lo que deseaba era conversar y ver como eran los demás. Así velozmente hice una vida social a expensas de la fatiga de mi hermano. En las tardes que regresaba y se quedaba a dormir, aprovechaba para escaparme de la casa sin que mi madre me viera y regresaba a la universidad a conversar con mis nuevos amigos. Eran contradictorios mis sentimientos, pues era tener una vida propia producto del padecimiento de mi hermano. Pasó los meses y conocí a Laura, una compañera de la universidad que Alcibíades jamás le hubiese dirigido la palabra por su extraña timidez, ella era una mujer muy amable, menuda, delgada y atractiva, ojos grandes que siempre me miraban con interés y ternura, sí, no voy a negarlo, me enamoré. Todo el tiempo que mi hermano estaba dormido yo iba a buscarla, abandoné mi fase exploradora por andar con ella el tiempo que me fuese posible, me distraje tanto que no me percataba de las pistas que dejaba entre las pertenencias de Alcibíades: ropa sucia, anotaciones en su cuaderno, gastos excesivos, es decir estaba perdiendo la noción de quién era yo.
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Debido a ese descuido mi hermano comenzó a sospechar que algo extraño ocurría, ya no dormía tanto, se mantenía despierto por más tiempo, en las tardes descansaba una o dos horas que con las justas me alcanzaban para ir por un teléfono y decirle a Laura que no iba a llegar a alguna cita pactada. Sólo tenía las noches para mí pero Laura vivía muy lejos como para visitarla.Alcibíades se puso más listo y comenzó a indagar en esa vida paralela que me pertenecía y un error mío lo llevó donde Laura, un encuentro mal planificado y se conocieron, se llevaron bien y se enamoraron. Alcibíades frecuentó los amigos que yo le había conseguido dejándome nuevamente dentro de su cuerpo sin ninguna ingerencia en su vida, apropiándose de lo que me costó obtener. No negaré que sentí celos de mi hermano, él ahora poseía una vida que no merecía, era mí vida y él se había adueñado de ella, me quitó a mis amigos y a Laura.
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Fue tan deprimente que me mantuve ausente de su vida aún cuando él dormía. Pasaron meses y los dolores de Alcibíades aumentaron, eran insoportables, los doctores le dijeron a mi madre que la enfermedad había empeorado, se estaban dañando sus intestinos y se podría producir una infección generalizada si se llegaba a lastimar el intestino grueso y esa situación podría causarle la muerte. Lamentablemente su enfermedad era casi incurable. Alcibíades tenía poco tiempo de vida y la única solución quirúrgica era cercenarme la cabeza o los pequeños brazos y piernas pero mantener mi corazón; sólo así sus intestinos no sufrirían demasiado pero la operación no era segura, Alcibíades podía morir.Mi madre no sabía que hacer, mi hermano no estaba enterado de nada y ella no quería decírselo, la operación era muy riesgosa y Alcibíades sufría mucho. Yo estaba muy asustado, la muerte de Alcibíades era también mi muerte y si sobrevivía era a costa mía. Pensé, que ahora que le entregué una vida a mi hermano, yo moriría y él se apropiaría de ella. No sabía que pensar ni sentir, los padecimientos de mi hermano no eran los míos, yo era pequeño pero estaba sano, el enfermo era él y yo debía morir por eso. Era injusto, no podía permitir que me mataran.
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Si no operaban a Alcibíades, él moriría y yo quedaría expuesto a ser devorado con vida por los gusanos dentro de algún féretro. No, eso era imposible, él estaba enfermo y yo no.Tuve que tomar una decisión, Alcibíades no me daba muchas opciones, en todas, yo era el perdedor pero tampoco él tenía muchas posibilidades de sobrevivir. Lo triste era cómo escapar de ese cuerpo enfermo que me estaba condenando a la muerte. No había otra cosa que matarlo antes que él muera conmigo. Y eso fue lo que hice. Una noche, en el hospital, lo desperté y sigilosamente nos escapamos, tomamos un taxi hasta un acantilado, me amarré una roca grande a los pies y nos lanzamos, nos fuimos hasta el fondo del mar, sus pulmones se llenaron de agua y finalmente se ahogó. Creo que no se dio cuenta de su muerte, estaba dormido y dolor no sintió.
¿Cuál fue mi plan? esperar que su cuerpo de descompusiera así me alimente de las vísceras que tanto lo matirizaron y devoré cuanto pude para poder salir de esa prisión. Luego de un tiempo observé un orificio en su vientre carcomido por los peces por el que entraba algo de agua, con esfuerzo pude salir del cuerpo, nadé hacia la orilla de la playa, mire al cielo y era de madrugada, estaba desnudo y me puse una tela que encontré sobre unas rocas para cubrirme del frío. Caminé por la descampada playa, desconcertado observé mi reflejo en una lamina de aluminio vetusta y abollada, vi a una criatura extraña, me acerque y pude identificar entre el reflejo difuso un enano, sí, yo era ese enano.
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Siempre lo supe, jamás pude crecer más, eso fue lo que me pudo dar el vientre de mi hermano muerto, tenía una existencia propia pero con un estigma de por vida.Jamás pude retomar mi pasada vida, yo era un extraño más, así que decidí comenzar nuevamente. Ahora, muchos años después, estos recuerdos vuelven cuando veo pasar a mi lado a otro enano, pues ellos me miran cómplices, melancólicos, como si compartiéramos un filicidio secreto que llevaremos hasta la muerte. (Julián Farkas)
