<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1086772321404983271</id><updated>2011-04-21T18:59:20.053-05:00</updated><category term='El Hermano'/><category term='Segundo Premio Gorila de Cuento'/><category term='Elecciones en el Infierno'/><category term='El Retrato'/><title type='text'>Premio Gorila de Literatura (premio del público lector)</title><subtitle type='html'>El Premio Gorila de Literatura busca incentivar la competencia sana y el espíritu de camaradería entre los concursantes. Además, intenta motivar la escritura de textos con el fin de desarrollar individualmente la técnica literaria de los participantes. Es así que los resultados del concurso no reflejarán ningún juicio de valor sobre las capacidades literarias de los concursantes.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://premiogorila.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://premiogorila.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Premio Gorila</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12770962731953388420</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>6</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1086772321404983271.post-5106417025146316517</id><published>2007-08-14T12:53:00.000-05:00</published><updated>2007-08-30T13:27:57.086-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Segundo Premio Gorila de Cuento'/><title type='text'>La Señal (Cuento Ganador del Segundo Premio Gorila de Cuento)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Julián Farkas&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; &lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;(autor)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_1IawERHJUZs/RsHs_sjM5aI/AAAAAAAAAAo/Vb_fRQ5IIKk/s1600-h/Carlos1+005.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5098616832194831778" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 199px; CURSOR: hand; HEIGHT: 180px" height="160" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_1IawERHJUZs/RsHs_sjM5aI/AAAAAAAAAAo/Vb_fRQ5IIKk/s320/Carlos1+005.jpg" width="256" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;-¿&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Quiénes llegan?, preguntó el Alférez Atir, “quién llega” querrás decir, porque es uno no más -le corrigió el Capitán Admón.- en ese instante bajó de un vehículo militar un sujeto cargando en la espalda una mochila y en su hombro derecho un rifle Menator, de apariencia escuálida que no lucía como la de un oficial de reconocimiento, el solicitado por el Capitán a la Torre Guía, meses atrás. El vehículo que lo trajo se apresuró en retomar su camino y el nuevo soldado corrió hacia las trincheras donde se encontraban el Capitán y el Alférez. -¿Cómo está señor?, mi nombre es Lozano Mendes, observador de la Torre Guía de los Naroe - , se presentó el joven funcionario. –Ya me parecía extraño que nos mandaran refuerzos, hace tres años que estamos atrincherados en esta zona y lo único enviado son pocos alimentos y poca información- le respondió adusto y con mirada de decepción. – Capitán - lo interrumpió el Alférez, - nuestro amigo nos puede decir porqué es que nadie nos manda instrucciones o refuerzos de la Torre Guía- . -Es verdad-, dijo el Capitán, -¿Qué es lo que pasa por allá? nos dicen que mantengamos la posición y no hay indicaciones sobre la estrategia a usar, estamos esperando a que el ataque se realice y sin embargo nada sucede. De los treinta hombres a mi cargo, ocho han muerto por falta de asistencia y nadie nos dice nada- . Mendes lo miro fijamente y con voz parsimoniosa le indicó que en la base nada anda bien, que no pueden hacer comunicación con los cuatro fuertes asentados en ambos hemisferios, no responden a los llamados y no hay noticias de las tropas que se mandaron a la luna de Avisgrán. El Capitán, perplejo, le dijo, -entonces ¿qué hace usted aquí?, mejor se hubiera quedado en la Torre Guía, aquí corre demasiado peligro-…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La guerra ya había durado treinta años, eran varias las civilizaciones tomadas por los “ejércitos” de la constelación de Oprón. Hace tres años, los Oprón vencieron a los Tabanho, la civilización más próxima a los Naroe. La fuerzas de defensa de la Vía Láctea, la Trinchera – Observatorio, devinieron en el primer fortín del la civilización de los Naroe. Las trincheras ubicadas en el límite de su territorio, se convirtieron en el observatorio que indicara el avance de los Oprón. Lo desconcertante era el no conocer al enemigo, su aspecto, estrategia de ataque, ni las armas usadas por ellos. La falta de comunicación con las otras civilizaciones, por causas inexplicables, era el indicio de que estas habían sido vencidas. No había testigos ni fórmulas para derrotarlos, estaban vulnerables ante un enemigo invisible. El nombre de Oprón fue dado porque este fenómeno sucedió luego de la explosión de una supernova en la constelación que lleva ese nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los soldados enviados hacia la trinchera por la Torre Guía, hace tres años, se encontraban al mando del Capitán Admón, y su misión era prevenir el avance de los invasores. El Observatorio – Trinchera, estaba oculto y los altos mandos de los Naroe deseaban mantener una escasa comunicación con ellos por temor de prevenir a los Oprón. El movimiento de tropas haría demasiado evidente la posición del Observatorio. El traslado del rancho y pertrechos se realizaba esporádicamente obligando a que los mismos soldados se autoabastecieran de alimentos. El envío del observador Mendes, luego de varios meses, fue para que elaborara un informe sobre la tropa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mendes, comprendió que la situación era más grave de lo supuesto. Pues la angustia de un oficial de la trinchera, al no obtener noticias de los avances o características del enemigo, originaba que la tropa se desesperara por la incertidumbre. El Capitán Admón, no podía ocultar su preocupación, desde hace muchos meses solicitaba que le dejasen explorar el territorio y pedía constantemente permiso para movilizar sus tropas unos kilómetros más adelante. Al no obtener una respuesta afirmativa, le quedaban pocas alternativas para mitigar su preocupación.&lt;br /&gt;Días después, el Capitán se acercó a Mendes y le preguntó temeroso: -Dígame usted realmente, ¿qué es lo que sucede?, ¿quiénes son esos Oprón?, ¿cómo vencieron a los Razúfer y a los Tabanho? Ellos poseían mayor ejército y armas más avanzadas que las nuestras, sin embargo todos ellos han sido vencidos o al menos eso parece. No entiendo, han destruido casi todos los sistemas de comunicación, nuestros satélites de reconocimiento están dejando de enviar señales, ¿cuál es la verdad, señor Mendes?-. –Mire-. Le respondió el Observador, - Yo no sé nada de eso, ya han pasado dos años y medio desde que se cortó el contacto con los Tabanho y de haber querido invadirnos los Oprón, ya lo hubieran hecho hace tiempo. Yo no entiendo, ni los de la Torre Guía tampoco. Los invasores no se han comunicado con nosotros, ya no usamos las radiofrecuencias de largo alcance, prácticamente están todas bloqueadas. A lo que he venido es a hacer un informe sobre la situación y a saber también porqué ustedes no envían información, pero eso ya lo entiendo, yo estaré pocas semanas- concluyó Mendes, le dio la espalda al Capitán y siguió con sus apuntes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mendes, comprendía la desesperación del Capitán. Los altos mandos nunca pensaron llegar a esta situación y nadie le informó a la tropa sobre el estado de la guerra, en apariencia terminada. La alerta era total, pues los Oprón podían atacar en cualquier momento. El Observador vio a la tropa agotada, todo el tiempo recostadas sobre los montículos de arena, apuntando con sus rifles, imperturbablemente hacia el horizonte. Esto ha sido así por más de dos años, esperando sin saber qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Alférez Atir, ser acercó corriendo al Capitán que veía en la pizarra digital algunos mapas – ¡Capitán, Capitán!, se ha detectado movimiento en el radar, algo apareció hace unos minutos, los satélites espía no muestran nada, pero en el radar se ve algo que no se mueve- El Capitán Admón fue a confirmar el suceso y le pareció extraño, se comunicó con la Torre Guía, les dijo lo que sucedía y pidió permiso para ir al encuentro de la señal. De la Torre le negaron la petición, no los estaban atacando, era la excusa, si lo hacían, estarían invadiendo territorio ajeno y podía estallar la guerra definitiva contra los Oprón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Capitán dio la orden de esperar en las trincheras, según el radar estarían a no menos de 8 kilómetros de distancia. Pernoctaron y no se movía la señal del radar, a la mañana siguiente nada cambió, en la tarde tampoco y en la noche la señal desapareció, esto fue así por una semana. Desconcertada la tropa, pidieron al Capitán una retirada hacia la Torre Guía, aducían que ya habían cumplido con informar del acercamiento de los Oprón. El Capitán ordenó al Alférez Atir que dijera a la tropa que no se moviera de su posición, que no había certeza que fueran los Oprón y le dijo al Observador Mendes que describiera lo hechos tal como sucedían y no sea tomada esta situación como una alucinación. Que registrara lo del radar y el extraño comportamiento de la señal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos días después, la señal apareció nuevamente, pero más cerca, a unos cuatro kilómetros, el Capitán subió a tierra firme y observó con los binoculares hacia el horizonte, no vio nada, ni señal alguna de un ejército ni maquinaria bélica. Desconcertado, se dirigió hacia la radio para comunicarle a la Torre Guía del suceso y solicitar una inmediata retirada. –Atir, dame las coordenadas de la señal- el Alferez Atir le dice: - Longitud: -102 Latitud: -103.8, Zona TB-302 - , -abre la comunicación- le ordena el Capitán, -Acá Base Límite 2 a Torre Guía, Base Límite 2 a Torre Guía, Base Límite 2 a Torre Guía- Nada Capitán, no contestan-, ellos insisten varias veces y piensan que debe haber una interferencia. Finalmente el Capitán dice: -les informaremos más tarde-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo intentaron por los próximos diez días, la señal volvió a aparecer y desaparecer, la tropa se encontraba asustada, le rogaban al Capitán una retirada. Luego, la señal desapareció definitivamente. Los soldados temían que si volvía, estaría tan cerca que les sería imposible escapar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Capitán se reunió con el Observador Mendes y el Alférez Atir y les comentó sus impresiones. El no poderse comunicar con la Torre Guía le hacía pensar que esta ya había sido tomada por los Oprón, y se preguntaba cómo es que lo lograron sin pasar sobre ellos. Tampoco sabía porqué no podía hacer contacto con los altos mandos y si es que ellos deseaban que se quedaran en esa posición. Y si escapaban, ¿adónde ir? El Capitán Atir decidió que no había alternativa, la opción no era huir sino esperar y luchar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El alférez le dijo con preocupación al Capitán – Señor, ya hicimos lo encomendado, regresémonos, no sabemos que cosa son, ni lo que nos puedan hacer, los soldados están aterrados, si nos quedamos no lucharán, ya no pueden ni sostener sus armas, la presión es demasiada,- El Observador Mendes lo miraba asintiendo con la cabeza todo lo que el alférez decía -Tiene que ordenar una retirada-. El Capitán lo observó, se mantuvo pensativo un momento y finalmente le dijo: - Esta es una guerra señor Atir, si usted desea retirarse, no lo detendré, pero tenga en cuenta que donde vaya no sabrá si obtendrá la salvación que ahora anhela, la Torre Guía no responde, y pueda ser que ya haya sido destruida y no encontrará civilización a menos de dos mil kilómetros, si los Oprón ya tomaron la Base Principal estamos perdidos- El Alférez observó con la mirada ida a Mendes en busca de alguna respuesta, luego se sentó en una piedra y empezó a sollozar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Capitán, sabía de su angustia, no comprendía la confusión y el miedo que comenzaba a invadir sus pensamientos. A escondidas intentaba llamar, día tras día a la Torre Guía hasta que se rindió. Sólo se inclinaba a observar por horas el radar en espera de que la señal vuelva aparecer. Así pasaron las semanas, se habían escapado más de la mitad de los soldados, Mendes había caído enfermo por el estrés y Atir divagaba por las trincheras con la vista apagada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de tres semanas, al acabarse los alimentos y los medicamentos, Mendes murió, toda la tropa había desaparecido entre suicidios y huidas, y sólo quedaban el Capitán Admón y el Alférez Atir, los dos estaban abstraídos, casi sin conciencia, Atir gemía en un rincón mientras que Admón se mantenía débil, enfermo y echado en una improvisada litera. Unos días después Atir dejó de gemir, el Capitán deliró, gritando incoherencias, por unas noches más y luego todo fue silencio. Sólo un tintineo perturbó esa tranquilidad, el radar comenzó a indicar la señal perdida, traspasando en casi mil kilómetros la posición de la trinchera. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;(Julián Farkas)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1086772321404983271-5106417025146316517?l=premiogorila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/5106417025146316517'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/5106417025146316517'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://premiogorila.blogspot.com/2007/08/la-seal-cuento-ganador-del-segundo.html' title='La Señal (Cuento Ganador del Segundo Premio Gorila de Cuento)'/><author><name>Premio Gorila</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12770962731953388420</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1IawERHJUZs/RsHs_sjM5aI/AAAAAAAAAAo/Vb_fRQ5IIKk/s72-c/Carlos1+005.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1086772321404983271.post-1187924220463137368</id><published>2007-08-14T12:50:00.000-05:00</published><updated>2007-08-14T13:01:46.539-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Segundo Premio Gorila de Cuento'/><title type='text'>Afinidades Electivas (Cuento Participante del Segundo Premio Gorila de Cuento)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l seguimiento había durado toda la mañana. Ahora por obra mía más que de la casualidad, me lo encontraba en la ventanilla de préstamos de la Biblioteca. El me reconoció primero y me extendió su mano. Yo, que hasta entonces me había dedicado a conocerle casi de espaldas, le ofrecí la mía no sin cierto pudor de mi parte. Con los libros bajo el brazo nos dedicamos a cotejar los títulos en silencio. Ninguno de los dos dijo una palabra, sólo la sonrisa ausente en su rostro parecía ofrecer una muestra de solidaridad a mis aficiones literarias. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;Viéndole desaparecer de nuevo en el salón de lectura aún pensaba en aquella frente amplia de ojos embetunados por ojeras como dos tacitas de café. Su aspecto también contradictorio consistía de un buzo ceñido y un par de sandalias de cuero. En aquel lugar rebosante de sana juventud donde él despertaba el humor de los más jóvenes, yo descubría el siniestro ´nada´. Era inútil seguir esperando. Había anticipado la nulidad de mis compañeros pero ahora se confirmaba la de mis maestros. Aprendería solo si esto era posible. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;Fue entonces que decidí darle una tregua a la Universidad. Como quería evitar el encuentro desafortunado no volví tampoco a su Biblioteca, lo que me llevó a frecuentar la pública del centro de Lima. Desde el primer día, me impuse un régimen tan inflexible que no pocas veces esperaba en el vestíbulo hasta que los empleados comenzaban sus labores. Era tal el brillo que quería darle a la mía, que ya pensaba en algún curioso preguntando por el lector voraz de la última mesa; en ocasiones, también imaginaba el rostro sorprendido de un interlocutor ficticio al enterarse de que pudiera leerse ocho horas seguidas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;Y tan naturalmente concebía estas ideas que fuera de aquel lugar triscado de quincha y cemento, de estanterías y de libros las llevaba conmigo. Me paseaba con ellas durante todo el trayecto hasta mi casa. Cualquiera fuese el resquicio, la luz al final de una quinta, una puerta de madera vieja: todo servía para despertar aquella idea que me iba poseyendo. Cuando al fin llegaba ardía como un demonio. Allí luego, todo era pleito, la mirada atónita de mi madre por algún comentario anticlerical y la incomodidad de mi padre al escucharme hablar con ironía del semblante gris de los abogados. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;El día llegó inevitablemente… &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;Era casi fin de año y no había adelantado nada en la Universidad. Pero esto no era razón para regresar, confiaba que Papá finalmente prefería el genio al abogado. Esa confianza me impulsó a tomar con más voluntad mis tareas y aumentar mis cuotas de ocho a diez horas diarias sentado en aquellas urnas fúnebres que eran las mesas para seis de la Biblioteca Nacional. Aquella tenacidad me perseguía aún durante el sueño pues una vez lloré amargamente de que Göethe me atacara injustamente en un artículo y desperté gritando: ¡Naturaleza! ¡Naturaleza!.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;Con el tiempo empecé a sentir el cansancio. Mis horas de lectura se interrumpían por indeseables adormecimientos y conmigo echando babas y con cara de foca, balbuceando. Mis alucinaciones cada vez más verídicas se insinuaban ora como un párrafo perdido, ora en una voz que me llamaba por mi nombre. Pero aquella dramatización casi siempre terminaba con un porrazo contra la mesa. Cuando eso pasaba, de un salto aceleraba la marcha hacia los estantes más lejanos sin que nadie se hubiera dado cuenta de mi doblez. Esto al menos lo pensaba hasta que un día descubrí que un estudiante me miraba divertido. Como no le había visto antes, yo continué fingiendo. Tampoco él parecía interesado en lo que leía, pues después de unos minutos se levantó de su silla y caminó por todo el lugar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;La sección dedicada a la literatura quedaba en el sotano de la Biblioteca. Sus techos altos de largos fluorescentes con las paredes desiguales no dejaban pasar las ráfagas de aire de la contaminada Avenida Abancay. Los pisos de distinta hechura anticipaban desde que uno ingresaba al recinto la improvisación de aquellas almas que allí se congregaban. Aquí llegué después de aquel período en que mi espíritu se hallaba dominado por la Filosofía. Aquí también conocí a Maurizio, el estudiante de 14 años que iba a hacer sus tareas de colegio. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;Con la cara redonda de labios gruesos y mentón retraído su aspecto no era todavía el de un hombre. Algunas veces dudaba viéndole la frente cubierta por un rebelde mechón castaño y las pecas limpias sobre el torso blanco. El me siguió porque había escuchado que yo era un buen lector de novelas y como no le gustaba leer prefería que yo le hiciera la tarea. Cuando me pidió ayuda yo me negué por principio, ya que nunca he estado a favor de las lecturas de segunda mano; pero luego acepté porque le haría bien a su formación tenerme como guía. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;Nuestras conversaciones de las tardes me habían entusiasmado a escribir un libro para los lectores ideales. Se lo dedicaría a él, mi hermano espiritual. El valor de este libro, le decía ardorosamente, reside en que está decididamente destinado a fracasar. Sentía ya crecer la idea cuando en el preciso instante en que se transparentaba, él me agarró a la tierra apretando mis manos entre las suyas. Irritado le grité: ¡suelta maricón!. El me soltó y se fue con el rostro convertido en una zarza en llamas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;Pasaron varios días y no volví a saber nada de Maurizio. Pregunté a las encargadas del vestíbulo Lo busqué en las otras secciones inclusive en las de Arte e Historiografía. Esperaba que saliera el último usuario con la esperanza cristiana de volver a verle. Hasta llegué a insultar a la encargada de los libros de registro por decirme en la cara que no tenía inscrito a ningún Maurizio. En el colmo de su cinismo, dijo que jamás entraba un estudiante a la sección de adultos porque ellos tenían su propia Biblioteca. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;Enfermé por esos días y tuve que quedarme en casa. Allí convaleciente encontré una tarde entre mis papeles llenos de citas e ideas las reseñas que le había escrito. Cada una de ellas aparecía intacta en mi memoria. Con la cabeza negaba aquella evidencia cruel que es la realidad: Una existencia imposible tras una idea tan viva. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;Era el fin de una ilusión…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;br /&gt;He vuelto a la vida: entretanto, mi padre se ha enterado de que he perdido un año de clases. La desconfianza conque miro las cosas se insinúa lenta pero constante. Me voy haciendo eso que el mundo llama "ser alguien". Pero hoy-mientras escribo estas líneas-un soplo me arrebata y prefiero ser ese otro yo llamado Maurizio. &lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;(Harold Condor)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1086772321404983271-1187924220463137368?l=premiogorila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/1187924220463137368'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/1187924220463137368'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://premiogorila.blogspot.com/2007/08/afinidades-electivas-cuento.html' title='Afinidades Electivas (Cuento Participante del Segundo Premio Gorila de Cuento)'/><author><name>Premio Gorila</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12770962731953388420</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1086772321404983271.post-8980655327708122204</id><published>2007-08-14T12:45:00.000-05:00</published><updated>2007-08-14T13:02:47.145-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Segundo Premio Gorila de Cuento'/><title type='text'>La Promesa (Cuento participante del Segundo Premio Gorila de Cuento)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;i hubiera estado preparado para la noticia, tal vez la miseria habría invadido su espíritu, y la desesperanza lo sumiría en la más profunda tristeza. Sin embargo, se sorprendía de la naturalidad con la que la había tomado, parecía que ya conocía lo que le esperaba, y su alma ahora transitaba por las aguas para las que se había preparado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al salir del edificio sintió la humedad en el ambiente, por un segundo pensó que se enfermaría, “qué importa ahora la salud” se dijo mientras encendía un cigarrillo y se encaminaba hacia su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era tiempo de programar sus días, y sobre todo, iniciar lo que hacia tanto esperaba realizar, su reconciliación con la humanidad. Para esto, creía que antes, era preciso pagar a todos aquellos a los que debía. En un exceso de sentimentalismo, pensó buscar a Elena y agradecerle por todo lo que le enseñó, pero un agradecimiento no bastaba, era preciso realizar una acción grandiosa, digna de un dios, para poder estar, al menos, a la altura de ella. Esta idea lo rondó durante tres semanas, en las cuales alternaba almuerzos con gente cuya amistad, viéndolo desde su perspectiva actual, era totalmente prescindible en su vida; y visitas familiares que siempre terminaban por hacerlo sentir miserable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Semanas después que recibió la noticia, mientras tomaba su siesta vespertina, despertó repentinamente y se percató que transpiraba y sus articulaciones se adormecían. Lo más probable era que fueran síntomas normales de su enfermedad, y de no haber sido por una presencia en su habitación, hubiera vuelto a dormirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A un paso de la ventana de su habitación notó a una mujer sumamente hermosa, sin duda la más hermosa que haya visto, pero que a la vez, como sucede la más de las veces, indescriptible. Superado su asombro inicial, y animado por una sonrisa cómplice, le preguntó qué podía hacer por ella. Siempre iniciaba así sus conversaciones con mujeres desconocidas, era una frase que le hacía sentirse superior a ellas, a pesar de que era consciente de que nunca estuvo en una posición de superioridad respecto a alguna. Volviendo al inesperado encuentro, y ante el silencio que obtuvo como respuesta a su pregunta, prefirió cerrar los ojos e intentar dormir, ya que, no sin justa razón, supuso que no era más que un sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando reabrió los ojos, vio que la mujer estaba sentada a su lado mirándolo, si bien no con amor, con algo que parecía aprecio, o mejor dicho, interés. Con una voz seductora, pero que no tenía efecto erótico sobre él, inició la conversación, dejando en claro que lo sabía todo, y, que incluso, conocía su plan de reconciliación. Estaba aturdido por la presencia de una mujer en su habitación, pero sobre todo, por la sabiduría que de ella parecía emanar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante una hora ella reflexionó respecto a la vida de él luego de conocida la noticia, siendo que hacia el final de su monólogo retomó la reconciliación, y sobre todo, el acto grandioso que tendría que realizar para satisfacer a Elena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo era muy extraño, el conocimiento que la mujer tenía, no sólo respecto a él y su vida, si no también lo que sabía de Elena. Ella le recordó muchas escenas de su relación, muchas incluso que ni él mismo recordaba, pero que al ser mencionadas en boca de esa mujer enigmática, parecían hechos concatenados premeditadamente con el fin de demostrarle algo hasta ahora desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elena, sin ser una mujer muy hermosa, irradiaba un encanto que la diferenciaba de todas las que hasta ahora había conocido. De haber sido por él, nunca se hubiera relacionado con una mujer de su tipo, que lo por lo demás, lo intimidaban hasta el punto de hacerlo huir y ampararse en aquellas que aparecían vulnerables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre le llamó la atención la falta de satisfacción de Elena, más que nada, en aquello que dependiendo únicamente de ella, le atribuía su fracaso a los demás. En esto, había alguien que, sin ser ella creyente, era el culpable de lo malo en el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio creía que su odio a Dios tenía que ver con una vida desdichada, pero conforme la fue conociendo se dio cuenta que no tenía todo en su contra, y más aún, contaba con oportunidades que otros no tenían, pero que una y otra vez eran desaprovechadas a causa de su desidia. De su relación con Elena ya transcurrió mucho tiempo, lo que le permite darse cuenta que no era más que una excusa para una personalidad destinada al fracaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar que ya había podido entender a la Elena que conoció, le resultaba atractiva la tragedia que de su pensamiento brotaba. La conversación que había mantenida con la misteriosa mujer lo convenció que para agradecer a Elena debía congraciar su desgracia con la de ella, es así que tomó su odio a Dios como el suyo propio, e inició la preparación de un plan con ese propósito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio se le ocurrió atentar contra la suprema creación del hombre, pero le contuvo el hecho que a ojos de los demás no pasaría de ser un asesino común o un lunático, y que la gran proeza por la que esperó toda una vida se perdería entre páginas policiales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus conversaciones con la misteriosa belleza eran cada vez más frecuentes, y sabiendo ya el papel que le correspondía jugar a ella, no tenía reparos en contarle su planes, e incluso solicitarle un consejo, ya que, no sin razón, quién conoce mejor a Dios que el Diablo mismo. Ella le escuchaba con atención, le mostraba su disconformidad con algunas ideas, y lo alentaba en otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentía que ya llegaba el momento de la agonía, y se espantó al ver que no había podido ejecutar su plan. La cuestión siempre era la misma ¿cómo vencer a Dios? Ni siquiera en las conversaciones con ella había podido idear un plan coherente y posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba sumido en la más profunda tristeza cuando, como otras tantas veces, ella se apareció, tenía un cuchillo en la mano, el cual dejo en la cama, y lentamente se alejó a la ventana del cuarto, como la primera vez que se presentó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La desesperación ya se había apoderado de él, que tomando el cuchillo se acercó a ella, le acarició el cabello y atrajo su cabeza a su vientre, ella alzó la cabeza y a su mirada cómplice le siguió un movimiento mecánico que hundió el metal en su piel, que se cubrió de un líquido negruzco, que contrastaba con su piel pálida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de unos minutos, se percató que sensorialmente ya nada podía sentir. Lo único que lo hacía percibir su propia existencia era la tristeza, una tristeza que se convirtió en satisfacción, se embriagó de autocomplacencia hasta que su pensamiento desapareció, y de él, ya no escuchó más que ecos apagados en la silenciosa noche que mató a Dios. &lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;(Esteban)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1086772321404983271-8980655327708122204?l=premiogorila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/8980655327708122204'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/8980655327708122204'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://premiogorila.blogspot.com/2007/08/la-promesa-cuento-participante-del.html' title='La Promesa (Cuento participante del Segundo Premio Gorila de Cuento)'/><author><name>Premio Gorila</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12770962731953388420</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1086772321404983271.post-7483865745056633175</id><published>2007-06-08T23:35:00.000-05:00</published><updated>2007-08-03T10:04:21.804-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Retrato'/><title type='text'>El Retrato (Cuento Ganador del I Premio Gorila de Literatura)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Harold Cóndor (&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_1IawERHJUZs/RmrOSZvNczI/AAAAAAAAAAg/BeMl19mv7pU/s1600-h/miguel+017.jpg"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5074094745728152370" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 201px; CURSOR: hand; HEIGHT: 151px" height="182" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_1IawERHJUZs/RmrOSZvNczI/AAAAAAAAAAg/BeMl19mv7pU/s320/miguel+017.jpg" width="237" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Autor)&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;C&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;uando Alonso Devoto volteó el recodo que conducía a la puerta principal del hospital pensó haber vivido una experiencia semejante. Irritado, habría seguido de frente como otras veces, sino fuera porque esta vez sus prejuicios cedieron ante un instinto inexplicable. Hacía tiempo que había olvidado por razones prácticas la enfermedad de su madre, la amaba pero de una manera amable pagando sus cuentas y enviándole regalos. Aquella tarde, sin embargo, una llamada del médico lo había plantado allí, entre las paredes yuxtapuestas y los premeditados motivos religiosos del sanatorio. Sentimental imaginaba su reunión con ella. En la habitación lo esperaban unas pocas personas agrupadas alrededor de la cama, un par de casi olvidados conocidos le dieron la bienvenida. Las miradas cómplices parecían exigirle un papel protagónico. Se acercó y le tomó las manos amontonadas junto a unos rosarios. Unas palabras al oído y un beso fueron la señal de la despedida.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;Afuera todavía era de día, las hojas secas agraviadas por el viento y la bruma de otoño se arremolinaban cerca de las cabezas causando un revoltijo entre los transeúntes. Conminado por el frío caminaba con la cabeza hundida en el pecho. Le angustiaba la idea de encontrarse con alguien, siempre sentía miradas a sus espaldas. Debí llorar- pensó- no me hubiera costado mucho hacerlo frente a todos. En aquel momento recordó las palabras del médico: “la muerte cerebral aconteció pasada la medianoche. Debe estar tranquilo se fue como una santa, sin quejas ni hemorragias”. Al principio estas palabras duras engendraron en él un sentimiento de desdicha, pero como fuera quedándose absorto en su dolor nunca parió lágrimas. Era de noche cuando le despertó el timbre del teléfono. En medio de la oscuridad del dormitorio contestó. Casi no recordaba nada de lo que le había predispuesto en aquel sueño profundo. ¿Sabes quién soy?- preguntó una mujer. ¿Quién eres?- replicó Devoto. Durante unos segundos nadie contestó, luego el ruido ensordecedor de fiesta y las promesas de enamorados se fueron diluyendo. ¿Quién está alli?- insistió. Silencio. ¿Eres tu mamá?- dijo involuntariamente. Su rostro lleno de lágrimas se deslizó como un viejo recuerdo por la habitación. Colgó con un golpe. Luego se arrepintió. Esa noche se celebraba el aniversario de la compañía, aquel ruido y la voz de una mujer le persuadieron de que ella lo había llamado.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;Sus ojos se abrieron a la bombilla ardiente del baño. Mientras se restregaba en la ducha no entendía el ritual de dejar correr el agua sobre su cuerpo. Atribuyó aquel sinsentido a su cansancio. En el espejo del lavabo, se inspeccionaba con detenimiento los duros pliegues que nacían a ambos lados del paladar y el lunar pegado a una de las aletas de la nariz. Nada le parecía familiar en aquel reflejo. Pensó en su madre rodeada de aquel concierto de espejos desconocidos reproduciendo su calamidad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para cuando llegó al restaurante, el lugar estaba repleto. Desubicado, vio entre las mesas y encontró en las del centro una silla desocupada. Fue a sentarse junto a una señora de mediana edad que le dio la bienvenida con un guiño. A su alrededor los vecinos comentaban. Escuchó a uno ufanarse de los placeres de su secretaria y a otro más sofisticado decir que ellas llegan hasta donde las dejan. Su vecina echó una carcajada que la jaló hacia atrás donde estaba Devoto. Aquella espalda sinuosa más la mezcla de vino y sangría le habían estimulado tanto que tenía abultada la pernera del pantalón. Cuando la mano de la mujer buscó donde asirse encontró un falo duro que la hizo batirse en retirada sobre el mantel cubierto del malbec. Una marea roja se esparció por la línea del busto de la señora. Las miradas cómplices buscaron alguna explicación, sólo uno dijo con malicia: “nuestro socio ha mojado a la doctora”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Devoto escuchó que decían su nombre. Ebrio no entendía por qué le hacían señas del otro lado del restaurante. Allí vio a Susan y otros conocidos del estudio que habían escuchado el eco apurado de una copa partida y visto el descenso de unos glúteos a rebosar. Pero él estaba solo sin conocer a nadie porque seguramente aquellas serían las mesas de los inversionistas. Se levantó débil recogiendo todas las miradas. De nuevo aquellos espejos que importunan el alma-pensó. Rodeó los meandros de las mesas que formaban unos codos y escuchó fragmentos de conversaciones donde se hablaba de él. No había cruzado la mitad de la sala cuando sintió que lo jalaban del brazo, arrebatado luchó por soltarse y resbaló. En un segundo las lámparas estándar de sus ojos se apagaron.&lt;br /&gt;Todo era monocromático. Un sol ardiente velado por un cono de sombra caía sobre él. Es la segunda vez después de dieciocho años, le avisaré a mamá o se quedara dormida-pensaba- mientras su cuerpo pugnaba por desasirse. En su cabeza alguien dijo eclipse en el preciso instante que un puño enguantado le hizo besar la superficie del piso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-La nariz está en su lugar- dijo el médico. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Ha estado sangrando desde que lo traje- respondió ella. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Y su madre como sigue- preguntó. Un colega me ha comentado que sufrió un nuevo derrame. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No le puedo decir, él tampoco habla mucho. En la oficina no sabíamos que ella estaba mal hasta esta mañana que llamaron del hospital. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Yo tampoco me he enterado por él. He sido amigo de la familia antes de que Alonso naciera. Es un poco como su padre...Pero cómo tiene usted mi teléfono. Es usted su mujer-preguntó el hombre perspicaz.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Es un amigo del trabajo y su número lo encontré en su billetera. Así que su padre- decía la mujer en voz baja- mientras acompañaba al médico a la puerta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el momento que oyó la voz de una mujer se sintió aliviado. Seguro que mamá estaría en casa, pensaba Devoto, sin abrir los ojos. Le pesaba la cabeza y le zumbaban los oídos. El golpe le había puesto sensible a los ruidos, podía oir incluso el paso rápido de una cucaracha. Escuchó el susurro de una voz suplicante en el teléfono: “espérame, ya salgo”-decía. Tuvo la sensación de estar anticipándose a un evento conocido. Según su costumbre rompería la cadena de sucesos con un hecho inesperado. Recordó la extraña llamada que había recibido en su casa. No se equivocaba, aquella voz era de Susan, la secretaria ejecutiva del estudio. Este era su departamento, pero con quién hablaba y por qué no había respondido a su invitación. Alguien llamó a la puerta con insistencia. La mujer colgó el teléfono y con el paso apresurado que blandía los pliegues de su falda abrió sin herir el cerrojo.Eres una puta- injurió una voz. La mujer con el gesto hacía ruegos de silencio. Qué mierda te crees, por mi eres la secretaria del presidente y te vas con ese cojudo- reclamaba el hombre irritado. Lo he visto yo mismo, el tipo estaba en mi mesa agarrándole el culo a mi prima. Devoto lo había escuchado todo, ahora recordaba aquella paliza que recibiera dentro y fuera del restaurante. En el taxi Susan lo había llevado recostado a su departamento. Él había llorado y ella le regaló un beso.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;Es más de medianoche, pensó Devoto mientras bajaba por una avenida larga. Recordó los agrios reproches que el señor Hugo Miroquesada Rizo-Patrón- condecorado con la Gran Cruz del Congreso de la Republica, Gran Cruz de la "Orden Peruana de la Justicia”, autor de un libro de Tauromaquia, socio honorario del Club Regatas, y desde luego buen esposo y mejor padre- había hecho a una sencilla asistente, hija de un barrio limeño de clase media. Aquel recuerdo cedió a la imagen perversa de su rostro enmarcado en el espejo del baño. El contraste con las toallas y la bisutería femenina precipitaban aun más su imaginación. Su rostro de párpados lívidos con la boca aplastada y la cabeza sin pabellones externos le recordaron la idea de un sapo. Enfurecido rompió de un golpe el espejo. Pensaba en la abominable forma cuando se percató que había caminado varias horas sin ningún rumbo. Quiso llamar un taxi pero no encontró su billetera. Mierda- dijo en voz alta- llamaré a casa para que mamá pague. No encontró a nadie. Sintió que le temblaban las piernas, buscó en los basurales unos cuantos folios de papel periódico y se echó a dormir en una banca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una nube se acercaba. Eres un inútil escuchó gritar a su madre detrás de la puerta. Afuera estaba lloviendo, qué placer sentía frente a la estufa y con las manos sobre sus celdas. Sacaba cuentas con sus dedos. En 1990 cumpliré 18 años- pensaba satisfecho. Echado en su cama, miraba sobre su cabecera aquel retrato que lo acompañaba. Instintivamente volteó los ojos al fuego y a las nubes que se formaban en las ventanas. Alguien jaló del picaporte de la puerta. Era su madre con la mitad del cuaderno en una mano y las hojas arrancadas en la otra. La nube reventó en el panel de cristales. El retrato estaba húmedo de lágrimas. Devoto rodaba inútilmente. Se despertó rodando sobre los jardines húmedos de un parque. Vio sus manos tiznadas del papel periódico. Caminó por la avenida que hubiera conocido hacía menos de 24 horas antes. Disfrutaba del anonimato que le prestaba la noche y las palomas presagiando la destrucción del universo. Llegó a la recepción del hospital en medio de sombras, vio tendido un hombre de uniforme, cruzó los pasadizos sin ninguna precaución hasta el piso de cuidados intensivos. Aquellos espejos terribles duermen a esta hora- dijo con resentimiento-. Encontró a su madre conectada al ventilador. Se sentó al costado de la muerta y allí se quedó pensando hasta que amaneció.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;Devoto volvió a casa después de mediodía. El cerrojo estaba roto y la puerta semiabierta. Se persuadió de que se trataba de un robo, pero ni bien se asomó vio que un hombre apuntaba con el dedo índice en varias direcciones. Otro apareció por detrás. Este lo reconoció por la foto colgada en la pared. Es usted el señor Devoto-preguntó. Su porte alto y desgarbado, con la mano derecha a un costado del cinto le obligaron a responder. Soy Alonso Devoto- dijo y añadió que era la casa de su madre. El más pequeño y desconfiado se animó a preguntar por la noche anterior. Pero antes de que pudiera responder, le puso al tanto de que habían estado con otras personas. Le preguntó si recién llegaba de la fiesta. En ese momento, Devoto pensó que no tenía otra alternativa que confesar. Contestó que había estado con su madre en el cuarto de hospital. El hombre lo interrumpió de nuevo, mostrándole una billetera. Hemos encontrado esta billetera en el cuarto de la señorita Susan B- dijo.&lt;br /&gt;Devoto escuchó con terror ese nombre, vio cómo los pingues dedos del enano parecían disfrutar de la superficie lisa del cuero. He amanecido con mi madre muerta- repitió automáticamente. Se miraron los hombres sorprendidos y con una mirada de conmiseración se le informó que habían encontrado muerta a la mujer. Todo hacía presumir-siguió diciendo el hombrecito- que su amante la había matado por celos. Ellos recogieron la denuncia de un vecino quien aseguraba que un hombre con la descripción del señor Miroquesada había golpeado a la mujer. El hombre grande le tocó el hombro y le preguntó sobre aquel comentario en la empresa, acerca de que la mujer tenía amoríos con él y con un socio importante: “Ayúdenos a cagarlo al huevón”- dijo en un tono violento- ya los diarios han hecho su trabajo”. Devoto consternado no respondió, pensaba en Susan y en su desgraciada suerte que la había conducido hasta las frías losas del baño. El ruido que salió de allí casi la había hecho desfallecer. Ella lo levantó y le buscó febrilmente sus manos acogolladas de cristales y de sangre. Lo negaría todo se obstinó en pensar Devoto. Sintió aquella opresión en el vientre. Un ruego. Se llevaron a la niña- susurró doloroso. Los sentidos emergentes de la mujer dieron cuenta del osario de las amebas y las hemorragias internas. Ella se estaba quedando sola. Sintió cosquillas en sus piernas y mariposas sobre su seno lánguido. Escuchó una vez más la pregunta del médico: ¿Es usted su mujer?. El ganó y ella se había quedado vacía. Devoto se detuvo, no quiso seguir viendo. Su mente se contrajo y oteó el pequeño mundo que giraba a su alrededor. Divisó la mesa donde se amontonaban sus recuerdos, encontró encima el retrato que lo había acompañado desde niño y que nunca había olvidado. Se vio en aquel espejo al tiempo que recordaba las celdas calientes de la estufa y a su madre con el rostro encendido. Su propio rostro se había convertido en una nube sentada sobre un gran tallo de carne.Sólo entonces lloró con la prolijidad del niño retratado. Cuando olvidó el motivo de su llanto, confesó que él la había matado.&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; (Harold Condor)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1086772321404983271-7483865745056633175?l=premiogorila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/7483865745056633175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/7483865745056633175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://premiogorila.blogspot.com/2007/06/el-retrato-cuento-ganador-del-i-premio_08.html' title='El Retrato (Cuento Ganador del I Premio Gorila de Literatura)'/><author><name>Premio Gorila</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12770962731953388420</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1IawERHJUZs/RmrOSZvNczI/AAAAAAAAAAg/BeMl19mv7pU/s72-c/miguel+017.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1086772321404983271.post-9061223246220436554</id><published>2007-06-08T23:34:00.000-05:00</published><updated>2007-06-08T23:35:18.780-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Elecciones en el Infierno'/><title type='text'>Elecciones en el Infierno (Cuento participante del I Premio Gorila de Literatura)</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l autor decidió no publicar su cuento.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1086772321404983271-9061223246220436554?l=premiogorila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/9061223246220436554'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/9061223246220436554'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://premiogorila.blogspot.com/2007/06/elecciones-en-el-infierno-cuento_08.html' title='Elecciones en el Infierno (Cuento participante del I Premio Gorila de Literatura)'/><author><name>Premio Gorila</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12770962731953388420</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1086772321404983271.post-8500189795080579920</id><published>2007-06-08T23:08:00.000-05:00</published><updated>2007-06-08T23:58:15.449-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Hermano'/><title type='text'>El Hermano (Cuento participante del I Premio Gorila de Literatura)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;espués de pensarlo por largo tiempo he decidido expiar algunas culpas, entre ellas está el recuerdo de mi hermano Alcibíades. Siempre lo consideré un hermano mayor aunque no lo fuera exactamente, de su vida solo esta mi testimonio, los otros: sus amigos o mi familia nunca llegaron a saber la verdad. Tal vez yo tampoco la sepa del todo, simplemente su vida fueron eventos desafortunados que se dieron por un impulso de supervivencia. Puedo dar fe de ello.Alcibíades nació con una enfermedad congénita que la arrastro toda su vida, mi mamá no hablaba de eso, simplemente decía que era por sus nervios, pero yo sabía lo que le sucedía. Era una punzada fuerte en el estómago que le molestaba de vez en cuando, algo crónico, pero que él aprendió a tolerar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde muy pequeño era tímido, no jugaba con sus amigos y menos hablaba con los demás, para mí su vida era algo inconclusa. Era demasiado pusilánime con el resto y su compañía la hallaba en su cuarto, en juguetes y libros. Siempre creí que esa actitud se debía a la enfermedad que ignoraba. La tristeza le impidió llevar con soltura y seguridad la adolescencia y puedo afirmar que sin mí, tal vez nunca hubiera recibido su primer beso, su primera declaración de amor o si quiera su primer trabajo. De alguna manera me sentía partícipe de sus acciones y reflexiones.Sé que me ignoraba, no me daba importancia, su soledad le daba poco tiempo para los otros y hasta para si mismo. A mí esa actitud me era indiferente, yo sabía sacar provecho de la situación y el que no se percatara de mi presencia me permitía ayudarle y ayudarme a mi mismo.Cuando Alcibíades cumplió los veinte años sintió algo extraño en su vida, se dio cuenta que lo vivido no tenía demasiada explicación. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por ese entonces, él estudiaba en la universidad y comenzó a escribir su diario, creo que había leído los diarios de Amiel y de Charles Du Bos, en los que se pasaba madrugadas revisando página por página. Esas lecturas le motivaron a escribir sobre su vida, es así que el percibió detalles de su pasado que antes no había observado ni pensado, como el aprobar exámenes sin estudiar o citarse con una chica sin haberla invitado antes, recibir agradecimientos sin dar nada a cambio, tener el aprecio de gente con las que ni siquiera intercambió miradas, etc. En su indiferencia todo lo vio normal hasta que decidió escribir sus recuerdos donde todo se volvió confuso para él. Sentía como si una parte de su vida simplemente no la vivió. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero el incidente que más lo ofuscó y sorprendió fue cuando se propuso escribir su primera novela, una historia sobre la forma en la que él sentía que había vivido su vida: Una interrumpida sucesión de hechos que pocas veces concatenaban. Una noche él se sentó en su máquina de escribir, momentos después, se aburrió y se durmió. A la mañana se percató que había “escrito” casi una pagina entera, eso lo sorprendió mucho, pues no recordaba haberla hecho, preguntó a su madre si se había puesto a escribir en su maquina pero ella lo negó.El leyó lo escrito observando cada oración con detenimiento como si tratara de encontrar alguna familiaridad en los pasajes escritos, entendía que era la misma historia que quería escribir pero no recordaba haberla redactado de esa forma. Pensó que era sonambulismo, pero luego lo olvidó. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Unas semanas después, en la madrugada, decidió continuar con la novela, leyó la historia que él pensaba no haber escrito y se propuso continuarla, pero después de escribir un párrafo volvió a dormirse. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al día siguiente, al abrir sus ojos, vio sobre el escritorio, seis hojas escritas por ambos lados, quedó estupefacto. Intentó recordar lo sucedido la noche anterior pero no pudo. Esto lo asustó, leyó las páginas y seguía siendo su tema pero no era como él lo habría escrito, hasta tenía referencias bibliográficas de textos que poseía pero que nunca leyó.Alcibíades, presentía algo extraño, sobre todo porque su vida nunca fue anormal, muy racional para estar pensando en algún tipo de fenómeno paranormal, eso es seguro, mi hermano jamás creyó en algo que no esté más allá de sus narices. Es así que algunas noches se escondía en las madrugadas para saber quién escribía por él y otras veces le decía a mi madre que se iba a la universidad sin embargo, él se subía por la ventana y se quedaba debajo de la cama espiando a ver si alguien entraba a su cuarto y escribía en su máquina.Nada pasó, estuvo así un mes y nadie se apareció y él tampoco quiso continuar con su novela por temor a que sucediera lo mismo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por ese entonces, también ocurrieron otros hechos que lo desconcertaron aún más; su ropa se ensuciaba sin usarla, tenía menos dinero de lo habitual en su billetera, lo saludaban en la universidad personas que no conocía. Casi se vuelve loco el pobre Alcibíades, si antes era una individuo solitario ahora era uno social a la fuerza y de manera inexplicable. No se atrevía a acercarse a las personas que le saludaban y preguntarles porqué tanta familiaridad con él. Mi hermano vivía un momento difícil y no quería decir nada por miedo a que pensaran que su soledad lo estaba llevando finalmente a la locura.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un día leyendo su cuaderno de apuntes universitarios pudo ver una inscripción que decía: “reunión mañana en la cafetería de la panadería a las ocho y media”, era su letra pero no recordaba haberlo escrito y … ¿con quién se reuniría tan tarde?, sabía del lugar pero le daba angustia saber con quién se encontraría.Decidió ir pero para observar detrás de algún lugar y ver de quién se trataba. Al llegar vio a una muchacha parada en la puerta que no entraba al local, eran las ocho y media y ella impaciente miraba su reloj, era delgada con cabellos negros bien cuidados, muy bonita, detalle por el que le dio más temor acercarse a ella y preguntarle porqué se habían citado. Él espero 20 minutos escondido y nadie más se apareció, luego ella se fue algo enfadada.Alcibíades regresó a su casa ansioso por saber más de ella, de enterarse cómo la conoció y ver la posibilidad de acercarse en otro momento. Eso sucedió unas semanas después, pero como inseguro que era simplemente se le acercó y la saludó e iniciaron una relación amical muy cercana, sin preguntar nada sobre el pasado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No negaré que eso me puso incómodo y les diré porqué.A estas alturas de mi testimonio tengo que hablar de mi, no por protagonismo sino por necesidad. Yo era su hermano y veía todo lo que él hacia sin percatarse de mi presencia, Alcibíades me ignoraba y sin embargo era yo partícipe de su vida.Cuando nació mi hermano, nací yo también, éramos gemelos, pero nadie se dio cuenta de eso, simplemente estaba ahí pero no se percataron de mi nacimiento y era comprensible porque no me podían ver, ya que yo estaba dentro de él, me había formado en sus entrañas. Era más pequeño y me encontraba enclaustrado entre sus vísceras. Sólo los médicos advirtieron de mí cuando le hicieron una radiografía a los cinco años, cuando él comenzó a presentar los primeros dolores estomacales. El médico le dijo a mi madre: “Señora, su hijo tiene un pequeño hermano en el vientre y está vivo, comparten el corazón y un riñón pero cada uno tiene su propio cerebro”. Es decir, estaba encadenado a él y no me podían extirpar. Los doctores recomendaron que no se lo dijera a Alcibíades y que llevara su vida con tranquilidad y con el tiempo se acostumbrara a mi presencia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los dolores del vientre eran producto de la presión que yo le originaba en sus intestinos y debía tomar unos analgésicos de por vida.Así fue la vida con mi hermano, nuestros esfuerzos por caminar, abrazar a mamá, ir al colegio, recibir nuestras primeras palizas, jugar hasta el cansancio pero siempre a él como intermediario. Casi siempre estaba en desacuerdo con él. En otras palabras mi hermano era un poco lento para hacer una vida divertida y feliz, su melancolía lo llevaba al tedio y a la tristeza, una incapacidad innata de hacer de su vida algo placentero. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando tuvo 16 años decidí ayudarlo, de alguna manera lo obligaba a conversar con amigos, a leer libros, a salir con algunas amigas, a estudiar. Intentaba que su existencia sea saludable y también para mí, ya que me encontraba encerrado en una personalidad dubitativa y medrosa. Es así que por años intenté darle un impulso que no poseía: logré salir a fiestas, tener nuestra primera relación sexual, emborrachamos, obtener el primer trabajo y ayudar a mamá a pagar algunas cuentas, todo nos iba bien.Un día mi hermano no se quiso levantar, los dolores del estomago se agudizaron y lo llevaron al hospital, mi madre le preguntó al médico qué le sucedía a Alcibíades. El doctor le dijo que debía tomar medicamentos más fuertes porque la inflamación se había incrementado y eso significaba más inyecciones y potentes analgésicos. Ese tratamiento deprimió a Alcibíades, toda su vida pasada la dejó, no frecuentó más a sus amigos del barrio y se encerró en su habitación. Lo mejor que hizo fue ingresar a la universidad y no más. Regresaba de clases y en silencio se metía en su dormitorio. Yo ya no podía persuadirlo, él no me escuchaba ni quería hacer nada, después de casi 20 años dentro, me sentí prisionero en una carceleta de líquido y vísceras. Fue en ese momento que decidí actuar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Alcibíades producto de su depresión dormía mucho, los analgésicos eran muy fuertes y lo obligaban a tomar largas siestas en las tardes y dormir temprano por las noches. Entonces, por primera vez, quise vivir por mi propia cuenta, sin un intermediario. Una noche en que se quedó dormido frente a su maquina de escribir, pude abrir sus ojos y con esfuerzo moví los dedos y continué su historia tal como yo la había concebido en su mente, todas las noches me levantaba a leer por horas los libros que tenía en su habitación: me bañaba, me masturbaba, me iba a la cocina a comer y un sin fin de cosas. Realmente me agradó ser dueño de mis decisiones. Poco a poco me acostumbré a vivir furtivamente en el cuerpo de mi hermano. Hasta que me atreví a más, a salir y ver la calle con mis propios ojos y explorar lo que la naturaleza me había negado. Así conocí gente, conversaba en las noches con diferentes personas que me encontraba en los bares, paseaba en algún malecón por las madrugadas y finalmente regresaba a dormir antes que mi hermano se despertara en medio de la calle.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pasé buen tiempo con esta rutina y luego quise conocer la universidad de Alcibíades. Por las tardes mi hermano sentía el cansancio de mis caminatas nocturnas y se quedaba dormido en la biblioteca, es ahí donde aprovechaba para dar una vuelta y conocer más personas, preguntaba cualquier cosa, lo que deseaba era conversar y ver como eran los demás. Así velozmente hice una vida social a expensas de la fatiga de mi hermano. En las tardes que regresaba y se quedaba a dormir, aprovechaba para escaparme de la casa sin que mi madre me viera y regresaba a la universidad a conversar con mis nuevos amigos. Eran contradictorios mis sentimientos, pues era tener una vida propia producto del padecimiento de mi hermano. Pasó los meses y conocí a Laura, una compañera de la universidad que Alcibíades jamás le hubiese dirigido la palabra por su extraña timidez, ella era una mujer muy amable, menuda, delgada y atractiva, ojos grandes que siempre me miraban con interés y ternura, sí, no voy a negarlo, me enamoré. Todo el tiempo que mi hermano estaba dormido yo iba a buscarla, abandoné mi fase exploradora por andar con ella el tiempo que me fuese posible, me distraje tanto que no me percataba de las pistas que dejaba entre las pertenencias de Alcibíades: ropa sucia, anotaciones en su cuaderno, gastos excesivos, es decir estaba perdiendo la noción de quién era yo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Debido a ese descuido mi hermano comenzó a sospechar que algo extraño ocurría, ya no dormía tanto, se mantenía despierto por más tiempo, en las tardes descansaba una o dos horas que con las justas me alcanzaban para ir por un teléfono y decirle a Laura que no iba a llegar a alguna cita pactada. Sólo tenía las noches para mí pero Laura vivía muy lejos como para visitarla.Alcibíades se puso más listo y comenzó a indagar en esa vida paralela que me pertenecía y un error mío lo llevó donde Laura, un encuentro mal planificado y se conocieron, se llevaron bien y se enamoraron. Alcibíades frecuentó los amigos que yo le había conseguido dejándome nuevamente dentro de su cuerpo sin ninguna ingerencia en su vida, apropiándose de lo que me costó obtener. No negaré que sentí celos de mi hermano, él ahora poseía una vida que no merecía, era mí vida y él se había adueñado de ella, me quitó a mis amigos y a Laura. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fue tan deprimente que me mantuve ausente de su vida aún cuando él dormía. Pasaron meses y los dolores de Alcibíades aumentaron, eran insoportables, los doctores le dijeron a mi madre que la enfermedad había empeorado, se estaban dañando sus intestinos y se podría producir una infección generalizada si se llegaba a lastimar el intestino grueso y esa situación podría causarle la muerte. Lamentablemente su enfermedad era casi incurable. Alcibíades tenía poco tiempo de vida y la única solución quirúrgica era cercenarme la cabeza o los pequeños brazos y piernas pero mantener mi corazón; sólo así sus intestinos no sufrirían demasiado pero la operación no era segura, Alcibíades podía morir.Mi madre no sabía que hacer, mi hermano no estaba enterado de nada y ella no quería decírselo, la operación era muy riesgosa y Alcibíades sufría mucho. Yo estaba muy asustado, la muerte de Alcibíades era también mi muerte y si sobrevivía era a costa mía. Pensé, que ahora que le entregué una vida a mi hermano, yo moriría y él se apropiaría de ella. No sabía que pensar ni sentir, los padecimientos de mi hermano no eran los míos, yo era pequeño pero estaba sano, el enfermo era él y yo debía morir por eso. Era injusto, no podía permitir que me mataran. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si no operaban a Alcibíades, él moriría y yo quedaría expuesto a ser devorado con vida por los gusanos dentro de algún féretro. No, eso era imposible, él estaba enfermo y yo no.Tuve que tomar una decisión, Alcibíades no me daba muchas opciones, en todas, yo era el perdedor pero tampoco él tenía muchas posibilidades de sobrevivir. Lo triste era cómo escapar de ese cuerpo enfermo que me estaba condenando a la muerte. No había otra cosa que matarlo antes que él muera conmigo. Y eso fue lo que hice. Una noche, en el hospital, lo desperté y sigilosamente nos escapamos, tomamos un taxi hasta un acantilado, me amarré una roca grande a los pies y nos lanzamos, nos fuimos hasta el fondo del mar, sus pulmones se llenaron de agua y finalmente se ahogó. Creo que no se dio cuenta de su muerte, estaba dormido y dolor no sintió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Cuál fue mi plan? esperar que su cuerpo de descompusiera así me alimente de las vísceras que tanto lo matirizaron y devoré cuanto pude para poder salir de esa prisión. Luego de un tiempo observé un orificio en su vientre carcomido por los peces por el que entraba algo de agua, con esfuerzo pude salir del cuerpo, nadé hacia la orilla de la playa, mire al cielo y era de madrugada, estaba desnudo y me puse una tela que encontré sobre unas rocas para cubrirme del frío. Caminé por la descampada playa, desconcertado observé mi reflejo en una lamina de aluminio vetusta y abollada, vi a una criatura extraña, me acerque y pude identificar entre el reflejo difuso un enano, sí, yo era ese enano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Siempre lo supe, jamás pude crecer más, eso fue lo que me pudo dar el vientre de mi hermano muerto, tenía una existencia propia pero con un estigma de por vida.Jamás pude retomar mi pasada vida, yo era un extraño más, así que decidí comenzar nuevamente. Ahora, muchos años después, estos recuerdos vuelven cuando veo pasar a mi lado a otro enano, pues ellos me miran cómplices, melancólicos, como si compartiéramos un filicidio secreto que llevaremos hasta la muerte.&lt;em&gt; &lt;span style="font-size:85%;"&gt;(Julián Farkas)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1086772321404983271-8500189795080579920?l=premiogorila.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/8500189795080579920'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1086772321404983271/posts/default/8500189795080579920'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://premiogorila.blogspot.com/2007/06/el-hermano.html' title='El Hermano (Cuento participante del I Premio Gorila de Literatura)'/><author><name>Premio Gorila</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12770962731953388420</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry></feed>
